Estacionado en otro siglo, a salvo del tiempo, «Kandy» resiste. Caminamos con los pies descalzos sobre un suelo cubierto de sábanas blancas. Allí, los tintoreros destellan peladuras de granadas, de curcuma, y de hibiscos, para crear los amarillos más hermosos; una gota de índigo y los verdes que surgen mientras el carmín de garanza y el hierro oxidado se vuelven negros. La seda es mito. El sol revelará sus pigmentos al ritmo de las estaciones del año. *Kandy, Ciudad sagrada de Sri Lanka
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